Cuando
visitamos una ciudad desconocida lo primero que buscamos es un mapa, necesitamos
tomar referencias que nos ubiquen, situarnos en lo desconocido para sentir que
controlamos nuestro rumbo. Pero, ¿qué ocurre cuando lo tenemos entre nuestras
manos? En muchas ocasiones seguimos los itinerarios propuestos, visitando lo que se marca como "imprescindible" y no somos consciente de la
manipulación existente en ello. Podríamos pensar que los mapas desconectan nuestro sentido crítico, operando al leer un texto, a pesar de que por
todxs es sabido que en los mapas suele haber gran cantidad de información y que
desde sus orígenes se crearon en
relación al poder.
Mediante
los mapas se pueden ofrecer visiones sesgadas de la realidad representada e
incluso borrar territorios enteros del imaginario colectivo [1].
A grandes rasgos, aquello que se omite y no se representa parece dejar de
existir, es un modo sutil de negar el acceso
a determinadas zonas (un ejemplo internacional serían las bases militares). Es por ello que cobra importancia un nuevo
tipo de cartografía denominada social, que pretende incluir a los habitantes de
los espacios como agentes generadores de los mapas, mediante procesos de
elaboración colectivos y atentos a la problemática local, convirtiéndose así en su
herramienta de visibilización.
En
cualquier caso la representación no dejará de ser eso, una representación, en este caso elaborada
desde nuestro punto de vista, pero que constituirá un relato alternativo
distinto al hegemónico, que deje un espacio para la memoria, lo común y la
identidad, al fin y al cabo.
"En la puerta de mi despacho, del lado externo, hay un plano -bastante esquemático- de la planta baja de este edificio, la Universidad de Desarrollo Cognitivo de MRC de Londres, donde soy profesor visitante. Cerca del centro del plano hay una llamativa flecha con una leyenda: "Usted está aquí". Como todo plano bien logrado, éste orienta a quien lo mira dentro del edificio.
Sin embargo, en un sentido profundo que suele pasar desapercibido, la leyenda es anómala. No necesito un plano para saber dónde estoy: "Estoy aquí, justo donde me encuentro". El plano, por así decirlo, me contradice, pues insiste en que estoy en el punto indicado por la flecha. Se hace cargo de levantarme desde mi firme posición del suelo y me traspone a la geometría de líneas y ángulos."[2]
"En la puerta de mi despacho, del lado externo, hay un plano -bastante esquemático- de la planta baja de este edificio, la Universidad de Desarrollo Cognitivo de MRC de Londres, donde soy profesor visitante. Cerca del centro del plano hay una llamativa flecha con una leyenda: "Usted está aquí". Como todo plano bien logrado, éste orienta a quien lo mira dentro del edificio.
Sin embargo, en un sentido profundo que suele pasar desapercibido, la leyenda es anómala. No necesito un plano para saber dónde estoy: "Estoy aquí, justo donde me encuentro". El plano, por así decirlo, me contradice, pues insiste en que estoy en el punto indicado por la flecha. Se hace cargo de levantarme desde mi firme posición del suelo y me traspone a la geometría de líneas y ángulos."[2]
[1] Mapamundi: Peter Arno vs Mercator's
[2] Olson, David R. El mundo sobre el papel, Gedisa, Barcelona, 1998, p.13

